Historia

Durante la primera treintena del siglo XX, se llevaron a cabo pormenorizados estudios de la época paleolítica, y gracias al abate francés Henri Breuil, la población de Cabeza del Buey le debe, al insigne clérigo que hoy se conozca su añejo pasado histórico. Puesto que la comarca, y desde los tiempos más remotos, la habitaron los primitivos íberos que dejaron la huella de su paso, debido a la abundancia de cuevas naturales que les proporcionaron un hábitat adecuado para resguardarse de las inclemencias climáticas y cubrir sus necesidades primarias en los entornos cercanos a sus asentamientos.

Saltando a otras épocas, como son la del Neolítico, la Edad del bronce y la Edad del hierro, hay que establecer una fecha no concretada para comenzar la historia conocida de la comarca que debió de ser similar a los territorios del entorno. Como además de las pinturas rupestres existentes en los enclaves vecinos a Cabeza del Buey, existen vestigios de la época romana, que es cuando el asentamiento toma el nombre de Turóbriga (complejo termal de La Nava del siglo I a.C.). Sírvanos ese paréntesis para cerrar el pasado antiguo de Cabeza del Buey.

Probablemente Turóbriga naciera en el primer siglo de nuestra era y tuviera origen en un viejo asentamiento celta, al que después de algunas reformas estructurales los romanos dieran categoría y atributos de población. Nada en concreto puede deducirse, puesto que de su poblamiento y costumbres solo tenemos escasas noticias generales que son comunes y corresponden a la parte central de la Península Ibérica, y que veladamente nos dieron los historiadores griegos y romanos de la antigüedad.

Cuando en los primeros años del siglo V se produce la invasión visigoda, Turóbriga debería tener cierta importancia comercial y estar unida por calzadas de tránsito regular con los asentamientos romanos de Medellín y Mérida, entre otras poblaciones de la actual región extremeña. Pero si la Península Ibérica había experimentado un extraordinario desarrollo bajo el dominio romano, el iracundo caudillaje visigodo la estancará durante 300 años, bajo un letargo involucionista que durará hasta unas décadas posteriores a la invasión musulmana, que se produce en los primeros años del siglo VIII.

Durante el periodo visigodo y en los años precedentes y posteriores al inicio de la Reconquista, la comarca de Cabeza del Buey irá perdiendo su importancia debido al aislamiento que se produce por los enfrentamientos militares fronterizos. Será a partir de 1212, y debido a la Batalla de las Navas de Tolosa cuando esa comarca emprenda su resurgir al incrementarse la presencia castrense de los tercios castellano-leoneses y la colaboración de las Órdenes militares que operaban en Extremadura. A partir de 1526 la zona quedará incorporada a los reinos castellano-leoneses gracias a la colaboración de los caballeros templarios.

Después de estas fechas, y consolidado el poderío reconquistador, toda la Comarca de la Serena se verá sometida a una disminución de su poblamiento por estar cerca de la zona fronteriza entre cristianos y musulmanes. De todas formas, será a partir de la tercera década del siglo XIII cuando la Turóbriga romana comience a conocérsela por el nuevo nombre de “CabeÇalbuey”; y por su desarrollo posterior que comienza en la primera mitad del siglo XIV, puesto que este poblado aparece mencionado en el Libro de la Montería de Alfonso XI. Parece ser que a partir de esas fechas, Cabeza del Buey ya empezaba a ser poblamiento de importancia en la comarca de la Serena.